No hay mejor regalo para los hijos que la sorpresa de llevarlos a las playas de Acapulco: salir desde temprano con todo lo necesario para pasar un día en la playa y despreocuparse de todo. Ir, por ejemplo, al clásico Cici a pasar un día entre animales marinos. Asistir a los talleres de pintura de cerámica cerca de la alberca en uno de los muchos hoteles del puerto; comer coco con limón después de jugar a ver quién le da más vueltas a la alberca por debajo del agua. Después de recorrer la ciudad, comer helado y saborear algún platillo en uno de los muchos restaurantes de la costera, ¿qué mejor que aprovechar para un rato en pareja? Por ejemplo, una cena japonesa en la tradición del Suntory de Acapulco, o una noche de diversión en Baby’O. Toda la familia tiene algo con lo cual sorprenderse en Acapulco.





